Bizcochuelo se le llama al batido clásico de huevos enteros.
Esta palabra Bizcochuelo proviene de la palabra biscuit que quiere decir dos veces
cocido aunque en este caso se cocina solo una vez.
Para que un bizcochuelo salga bien se deben seguir ciertas normas.
Primero se prepara la
mise en place con todos los elementos que vamos a utilizar para
su confección.
Tomamos el molde elegido y pincelamos con manteca y enharinamos todo el borde.
La base se forra con papel blanco (papel manteca, sulfito, panadería) sin enmantecar.
Una opción es enmantecar y enharinar todo el molde, base y bordes.
Un verdadero bizcochuelo lleva tres ingredientes, huevos, azúcar y harina. Los tres
ingredientes deben pesar lo mismo y la harina ideal es la más refinada (cuatro ceros).
Los huevos deben ser frescos y estar a temperatura ambiente lo que permite incorporar
mayor cantidad de aire durante el batido.
Se empieza con el batido clásico de los huevos con el azúcar. Luego de aproximadamente
10 o 15 minutos de batido los huevos habrán triplicado el volumen y logrado
punto letra o
punto cinta.
Luego se incorpora la harina tamizada dos veces. La primera vez se tamiza y se coloca en
un bol y la segunda vez se tamiza directamente sobre la preparación y se va incorporando
en dos o tres etapas en forma envolvente para que no baje el batido y éste quede alto y
esponjoso.
Una vez incorporada la harina se vuelca toda la
preparación, desde lo alto sobre la tortera.
Se lleva a un horno preferentemente entre
suave y moderado 170º o 180º para que el
bizcochuelo se vaya cocinando en forma
lenta permitiéndole crecer sin apuros y
terminar con una cocción perfecta.
Una vez colocado en el horno no se abre
hasta 20 minutos después para no correr el
riesgo que baje de golpe.
Un bizcochuelo de 6 huevos demora en cocinarse entre 40 o 45 minutos y
nos damos cuenta por el color dorado y por los bordes que se contraen
un poco separándose del molde. O con un palito de brochette (o cuchillo)
que se hunde en el centro y éste debe salir bien seco.